"Yo por tí cuchaba en chanclas"
Romeo a Julieta, en el balcón
miércoles, 13 de mayo de 2009
martes, 12 de mayo de 2009
Íntimas desazones
En mi oficina han cambiado el papel de secarse las manos en el baño. Ahora lo compran en la misma ferretería en la que adquieren el papel higiénico desde hace tiempo, el cual está, dentro de la escala Rockwell de rugosidad, justo por debajo de la lija madera 15.
viernes, 8 de mayo de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
Madridistas
No aguanto más. Cuanto mayor soy, más me convenzo de lo malo que es el forofismo en el fútbol o en cualquier otro deporte. A pesar de ser del Oviedo (que hoy día es algo así como reconocer que te haces pis en la cama, pero que es normal), yo siempre he tenido cierta simpatía por el Real Madrid, el cual despedía para mí cierto halo de nobleza. Lo que me doy cuenta ahora es de que esa impresión la tenía por la tele. Desde que vivo en Madrid, os aseguro que no hay peor cosa que hablar de fútbol con un abonado del Bernabéu. Una cosa es ser forofo y otra muy distinta es ser ciego, ordinario e irrespetuoso. Todos los días, llegando al trabajo tengo que escuchar las mismas gilipolleces acerca del rival de turno. En este caso, como podéis imaginaros, es el FC Barcelona. Los días antes del partido de liga tendría que haberlos grabado hablando, para ponerles el vídeo una y otra vez el lunes después y darles un bote de ketchup y pan para acompañar la ingesta de todas las tonterías que habían dicho. Pero no, en vez de callarse elegantemente y reconocer las cosas, se dedican a decir que sus jugadores son una panda de maricones y que si llega a estar Juanito le rompe las piernas a Messi nada más empezar, pero que ahora ya no hay futbolistas como aquellos y bla bla , rebla.
Pues para qué quieres más. Ayer el Barça se mete en la final de Champions como se mete y hoy ya he oido en media hora tal cantidad de gilipolleces de boca de los madridistas que estoy por irme a casa y dejar descansar mis oidos y mi sentido común. Que sí, que el árbitro se equivocó porque no pitó un par de penalties... igual que Essien acabó el partido después de intentar tronchar por la mitad a Iniesta mientras que Abidal se fue a la caseta (y quedó fuera de la final) por una faltita del montón. Que los árbitros son malos lo sabemos todos, del mismo modo que todos sabemos que los que dicen que fue un robo no darían una a derechas si les dan un pito y los meten en ese campo a arbitrar entre 22 jugadores profesionales. Pero reconozcamos que se equivocan unos días para un lado y otros para otro. Y que ayer, por fin, la equivocación se puso del lado del que juega al fútbol. Y juega a las mil maravillas.
P.D.: Lo triste de todo esto es que, si yo viviera en Barcelona, probablemente escribiría esto mismo de los culés. Por eso cada vez me gusta más no ser de ningún equipo.
Pues para qué quieres más. Ayer el Barça se mete en la final de Champions como se mete y hoy ya he oido en media hora tal cantidad de gilipolleces de boca de los madridistas que estoy por irme a casa y dejar descansar mis oidos y mi sentido común. Que sí, que el árbitro se equivocó porque no pitó un par de penalties... igual que Essien acabó el partido después de intentar tronchar por la mitad a Iniesta mientras que Abidal se fue a la caseta (y quedó fuera de la final) por una faltita del montón. Que los árbitros son malos lo sabemos todos, del mismo modo que todos sabemos que los que dicen que fue un robo no darían una a derechas si les dan un pito y los meten en ese campo a arbitrar entre 22 jugadores profesionales. Pero reconozcamos que se equivocan unos días para un lado y otros para otro. Y que ayer, por fin, la equivocación se puso del lado del que juega al fútbol. Y juega a las mil maravillas.
P.D.: Lo triste de todo esto es que, si yo viviera en Barcelona, probablemente escribiría esto mismo de los culés. Por eso cada vez me gusta más no ser de ningún equipo.
martes, 5 de mayo de 2009
Anexo a "Hola"
Ni que decir tiene que si es usted alérgico, una de dos: o pase de largo o tráigase las drogas duras...
lunes, 4 de mayo de 2009
Hola
Si pretende usted pasarse unos días de vacaciones en Madrid, como van a hacer los vividores del COI (la envidia me corroe, reconózcolo), aproveche ahora: acaban de empezar las dos únicas semanas de buen tiempo que hay al año en esta ciudad.
domingo, 3 de mayo de 2009
La dieta del yogur
Llega la operación bikini (también denominada operación "a-ver-cómo-me-las-apaño-para-esconder-las-lorzas-en-la-pijcina-sin-ahogarme") y tengo el santo remedio: La dieta del yogur caducado.
La semana pasada descubrí detrás del bote de las aceitunas, en la segunda balda de la nevera, una remesa de tres yogures sumidos en el anonimato, que llevaban más de 10 días pasados de fecha. Ante la ausencia de olor o color más agrio o verde de lo normal, respectivamente, decidí finiquitarlos. Los dos primeros no hicieron gran efecto, pero al tercer día, con el último de la triada, resucitó mi tracto digestivo y se acomodó en el baño de tal forma que adelgacé más de dos kilos.
Señora, no espere más. A la mierda el apio, la alcachofa y los all-bran. Cómprese 16 yogures del Carrefour, déjelos en la nevera hasta que la tapa empiece a hincharse y cómaselos de una sentada. Vientre plano full time, se lo aseguro.
jueves, 30 de abril de 2009
Estoooooo....
Mi ordenador es tan lento que juro que entré aquí a escribir algo y mientras conectaba se me ha olvidado. Por completo.
jueves, 23 de abril de 2009
Del amor y su azaroso destino
Sucedióme el lunes pasado, al despuntar el alba, singular suceso que vino a turbar mi sentido, mas no mi alma, y que a continuación paso a describir con total objetividad y apego a la realidad de los hechos.
Estando yo sentado y adormecido a bordo del infernal invento denominado Metro Ligero Oeste, probable antecesor de la cuádriga si por su funcionamiento hemos de juzgarlo, viajaba frente a mí una lozana joven de simpar belleza y donosura. Quiso el azar, o su inexperiencia en semejante medio de locomoción, que viniera ella a incorporarse de su asiento un segundo antes de que el conductor accionara el mando del freno con su habitual maestría, es decir, como enfermo de Parkinson al sufrir un calambre. Vínose entonces la muchacha, en todo su esplendor, sobre mí apolíneo cuerpo y hubo de asirse con sus inmaculadas manos en los broncíneos músculos que componen mi torso. Azorada, se deshizo en disculpas mientras se llenaba de mi afrodisíaco aroma animal, el cual a buen seguro aún la envuelve en mil y un abrazos de gaseosas caricias.
Tres días hace del romántico incidente y mi amor por ella no decrece. Imbuido en una mezcla de ilusión y desesperanza, tres días también hace que recorro la línea del metro con un ramo de rosas en la mano, a la espera de encontrarme de nuevo en su presencia y darle en bandeja de plata mi corazón, suyo por siempre para el resto de nuestras convergentes vidas. Mas no doy con ella, sin duda alguna secuestrada esa misma noche en una alta torre almenada, a manos de algún impío dragón de oscuras intenciones. No cejaré en mi empeño hasta liberar su cuerpo y su corazón de tan lúgubre tormento, dando así rienda suelta al torbellino de amorosas pasiones que el destino nos ha reservado.
A ti voy, amada mía…
Carlos Nonato
[A continuación se ofrece al lector la transcripción sucinta de la descripción del mismo suceso por parte de la susodicha señorita a una amiga suya, nada más pisar la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales esa mañana:
“Tía, qué vergüenza, acabo de caerme encima de un menda en el metro por la mierda del freno de los cojones. Le pillé por el brazo para no pegarme la hostia y fue como agarrar un arbusto seco. Y encima se me ha pegado un olor a cebolla que no me lo quito ni pa dios, tía, qué asco…”]
Estando yo sentado y adormecido a bordo del infernal invento denominado Metro Ligero Oeste, probable antecesor de la cuádriga si por su funcionamiento hemos de juzgarlo, viajaba frente a mí una lozana joven de simpar belleza y donosura. Quiso el azar, o su inexperiencia en semejante medio de locomoción, que viniera ella a incorporarse de su asiento un segundo antes de que el conductor accionara el mando del freno con su habitual maestría, es decir, como enfermo de Parkinson al sufrir un calambre. Vínose entonces la muchacha, en todo su esplendor, sobre mí apolíneo cuerpo y hubo de asirse con sus inmaculadas manos en los broncíneos músculos que componen mi torso. Azorada, se deshizo en disculpas mientras se llenaba de mi afrodisíaco aroma animal, el cual a buen seguro aún la envuelve en mil y un abrazos de gaseosas caricias.
Tres días hace del romántico incidente y mi amor por ella no decrece. Imbuido en una mezcla de ilusión y desesperanza, tres días también hace que recorro la línea del metro con un ramo de rosas en la mano, a la espera de encontrarme de nuevo en su presencia y darle en bandeja de plata mi corazón, suyo por siempre para el resto de nuestras convergentes vidas. Mas no doy con ella, sin duda alguna secuestrada esa misma noche en una alta torre almenada, a manos de algún impío dragón de oscuras intenciones. No cejaré en mi empeño hasta liberar su cuerpo y su corazón de tan lúgubre tormento, dando así rienda suelta al torbellino de amorosas pasiones que el destino nos ha reservado.
A ti voy, amada mía…
Carlos Nonato
[A continuación se ofrece al lector la transcripción sucinta de la descripción del mismo suceso por parte de la susodicha señorita a una amiga suya, nada más pisar la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales esa mañana:
“Tía, qué vergüenza, acabo de caerme encima de un menda en el metro por la mierda del freno de los cojones. Le pillé por el brazo para no pegarme la hostia y fue como agarrar un arbusto seco. Y encima se me ha pegado un olor a cebolla que no me lo quito ni pa dios, tía, qué asco…”]
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